Miedo es una palabra que he desterrado de mi vocabulario. El por qué. Muy simple: la consultoría en comunicación de crisis no contempla este sentimiento. Por mucha incertidumbre que cree una situación no deseada y que altere el curso normal de los acontecimientos, lo importante es mantener la calma y la ‘cabeza fría’. Así, se lo transmito a mis clientes: el miedo paraliza e inhibe la acción. Más allá de creerme un Cyber, considero que conseguir este ‘karma’ en medio de una crisis es fruto de una exhaustiva preparación.
Sólo un 2% de las situaciones que vivimos son caprichos del destino predecirlas es trabajo que dejo para los adivinos de bola de cristal. Como consultor, opto por la planificación y la preparación previa: aunque haya una infinidad de variables de riesgo, la preparación es única fórmula que nos da unas mayores garantías para resolver con éxito este tipo de situaciones.
Muchos creen que las crisis, dentro del mundo empresarial, son intrínsecas a las grandes corporaciones y nada más lejos de la realidad. Las crisis son episodios aleatorios y no deseados que alteran el curso normal de los negocios y que cualquier organización puede llegar a vivir, independientemente de cuál sea su área de actividad y tamaño. Por esta razón creerse inmune a este tipo de acontecimientos es una mala premisa de partida.
Sólo un dato: se estima que el coste medio de una crisis es de 514.000 euros, una cifra que puede verse reducida en un 30% siempre y cuando la empresa haya elaborado un plan de acción. En un momento como el actual, qué organización, de las de a pie, de las que escuchamos todos los días en las noticias que tienen falta de liquidez, puede aguantar tal embiste. Me atrevería decir que ninguna, por ello aunque, en los momentos de crisis, es difícil guardar la calma, siempre ayuda trabajar con un guión perfectamente definido que dé respuesta a tres preguntas básicas: ¿Qué sabemos acerca de la crisis? ¿Qué deseamos que sepan las personas? Y, ¿cómo lo comunicamos eficazmente?



